GB · 0006
20 IX 2025
20:02
Collectio Gabinetum
Alma Sánchez
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La ira
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La ira del universo y su entropía
¿Quién no ha sentido la ira del universo estallar en cuestión de segundos y quedarse temblando, con el cuerpo entumecido? ¿Quién no ha sentido la fuerza del cielo en su mayor tormento y desasosiego?
Llevo más de dos décadas de vida que mi conexión con la naturaleza es poderosamente fuerte, tengo a un protector que lleva toda la semana acompañándome y hoy me he dado cuenta de algo que quizás sólo una persona conoce y sabe desde hace dos años. Normalmente no suelo contar estas cosas, no es por vergüenza o timidez, en absoluto. Pero llevo meses dejando que la parte más interna mía salga a la luz, la parte que más suelo cuidar la estoy mostrando. Y es muy curioso porque cuando eso se empieza a mostrar suceden cosas, surgen instantes que hacen que renazca algo que es único. Que es especial. Aparecen conexiones, nacen momentos que uno recuerda para toda la eternidad.
Hoy, hice una de mis locuras. No es la primera vez que lo hago, llevo dos décadas haciéndolo y no dejaré de hacerlo porque es lo que más me enraíza y me lleva de vuelta a mi esencia más pura.
Soy amante de las tormentas. Soy muy muy fan de ver como el cielo se enciende y se pone iracundo, se pone furioso y se enciende de tal manera que todo lo demás se desvanece, como cada relámpago que cae sobre la tierra. Recuerdo que a mis 15 o 16 años me iba sola a un rompeolas o a algún acantilado, cuando iba con mi familia a la playa, a ver las tormentas sobre el mar. Son mi debilidad, no tengo miedo por estar observándolas, no me importa mojarme porque no se puede mojar lo que es impenetrable. Lo que es roca. Lo que está atrincherado y enraizado al suelo.
Echo de menos ver las tormentas sobre el mar, sí. Pero las tormentas en mitad de un campo o bajo la montaña también tienen su magia. Son especiales hasta tal punto que me doy cuenta de que ese es el ego más puro y más duro de la naturaleza azotando al ser humano y haciéndole siervo de lo que puede llegar a hacer cuando se desboca. En cuanto reúne toda su fuerza, su enfado, su rabia y su desenfreno rompe con tantísima presión sobre la tierra que es una locura, sí. Pero es una locura maravillosa de vivir, de sentir, de experimentar.
¿Sabéis lo que es estar bajo una tormenta de relámpagos, mirar al cielo, observar cada rincón donde rompen los rayos y sintonizar con cada trueno que resuena en todo el universo?
¿Sabéis lo delicioso que es notar las primeras gotas de lluvia, levantar la cabeza, girarla hacia arriba, abrir los brazos y dejar que cada gota que cae, acaricie cada poro, cada susurro, cada aliento y sonreírle al cielo y dejar que cada ráfaga de agua empape cada uno de los huesos?
Cada día que pasa, cada momento único que tengo con el entorno que me rodea, me doy cuenta de las cosas que abrazan, alimentan y sacian a nuestra alma. Cada instante vivido con elementos que van más allá de lo habitual hace que nuestra consciencia abra un poco más los párpados, esos que nuestros propios miedos, que nuestro propio ego, intentan cerrar a costa de lo que nuestra alma nos clama en susurros y en suspiros.
Cada microsegundo que simplemente vivimos y respiramos a través de nuestra alma y dejamos que sea la que salga en todo momento las experiencias son ultra mega sensoriales, la energía que habita en nuestras entrañas se pone en sintonía con el universo, las vibraciones y frecuencias del universo, las de cada elemento de la naturaleza y cada resquicio que el sistema natural nos ofrece es la definición literal de la entropía naturalista.
Sí, la naturaleza es entrópica. Como todo lo que habita en el cosmos, en cada planeta, en cada meteorito, en cada sistema. Todo aquello que sucede, rompe con el orden establecido. Disocia, despareja y no hay problema con eso. Porque es necesario para poder volver a reintegrar esos pedacitos que quedan esparcidos entre el espacio y el tiempo.
O sencillamente es la naturaleza haciendo lo que mejor se le da; romper con las normas establecidas y suceder una cadena de escenarios diferentes y dispares. Y lo bonito de eso es que se asocia con la parte más salvaje, más pura y más integra.
Si tuviera que poner un ejemplo,...
¿Habéis pensado alguna vez que el cielo tiene su parte oscura, su sombra y su ego?
Sí, la tiene. Las nubes se crean por efectos atmosféricos sí, pero si nos vamos a la parte más espiritual, más filosófica y más energética, podríamos decir que las nubes se crean por un efecto de nubosidad, de niebla mental, de ofuscación, frustración y desaliento. Todo eso viene del ego y de la sombra. Quién vive tras las sombras, tras el ego, tras todo aquello que conforma un estado decadente y espeso siente esas tres cosas y esas cosas construyen la niebla y la nubosidad mental.
¿Qué pasa cuando entra la entropía aquí? Sencillo, es como un ejemplo de física y química, esos estados necesitan descargarse, necesitan expulsar la energía que conforma toda su electricidad para morir y desvanecerse. Porque si se mantienen intactos la construcción es aún mayor y la descarga energética y eléctrica es monumental.
Lo mismo pasa con el alma, con la esencia del cielo y la esencia de la naturaleza.. Con la luz, con el volumen y las formas que ello crea. La esencia primordial de la naturaleza es variable, es inconformista. Es rebelde, es salvaje y siempre lo será porque el alma más pura no entiende de eso, ni se disocia, se mantiene intacta a pesar de esas descargas porque son necesarias para la comunión de su alma y su ego. Por eso la entropía es tan necesaria y se refleja tan bien en la naturaleza.
Esto quiere decir lo siguiente y dejo la pregunta en el aire, ¿quién no ha sentido la ira del universo estallar en cuestión de segundos y ha presenciado tal escenario que le ha dejado temblando y con el cuerpo entumecido, con la mente encendida y el alma en llamas? ¿Quién no ha sentido la fuerza del cielo en su mayor tormento y desasosiego para después sentir una calma infinita que lo abraza y lo exalta?
Creo que necesitamos volver más a nuestras raíces más ancestrales. A esas que nos hacían conectar con la esencia más natural y más sensata que nos desancla de creencias, limitaciones, determinaciones y pensamientos redundantes. Y nos conecta con la parte más humana, más auténtica y con la comunión y el equilibrio necesarios entre el ego y el alma.
Porque,... ¿cuándo fue la última vez que dejaste que una tormenta te limpiara por dentro? Yo lo hice hoy, en mitad de una tormenta que acariciaba mi cuerpo, que estallaba sobre mi cabeza y mi reacción fue la de dejar que la lluvia me calara hasta los huesos y un grupo de adolescentes me invito a pasar un rato bajo un soportal mientras mirábamos como se calmaba el cielo.
Como digo, la naturaleza, el universo, tiene formas muy curiosas de generar sincronías preciosas, momentos únicos e instantes memorables.