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GB · 0007

21 IX 2025

21:12

Collectio Gabinetum

Alma Sánchez

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El frenesí

⌖

El frenesí del océano, del viento y la catarsis.

21 septiembre 2025


¿Quién no ha sido devorado por un mar enfurecido que arrastraba y tragaba conchas, piedras, algas y peces intentando sobrevivir a una ola dispuesta a morir en la arena?

¿Quién no ha sentido que cuando el viento y el océano se juntan pueden crear verdaderos tormentos, desastres y alguna que otra maravilla de la naturaleza?

Recuerdo que hace 37 años tuve mi primera experiencia con un mar sombrío, furioso y que me revolcó durante 5 minutos hasta que acabé en la orilla. Fue un momento en el que el mar me puso literalmente boca abajo, me dio una vuelta de 180 grados y el resultado es que 11 años más tarde de esa experiencia con 4 años, me volví adicta al mar. A su bravura, a su fuerza, a toda la locura que es capaz de desatar. Sobre todo cuando se junta con el viento.

Porque,... ¿a quién no le fascina el mar totalmente revuelto, rompiendo en mil pedazos contra las rocas, clamando su poder y aterrizando toda la majestuosidad y frenesí en la tierra?

Sí, también soy adicta y fanática del mar. Y curiosamente rompo con el molde de que a un capricornio no le gusta el mar... yo siempre voy rompiendo moldes, ya sea a nivel energético, espiritual, zodiacal, psicológicamente y también a nivel personal... Creo que mi carta astral y mi carta natal lo muestran claramente y por supuesto mi conexión con el elemento acuático es fascinante. Y ya mejor ni hablamos con el elemento aire.

Son esos elementos que revuelven los pesares, los dolores, el drama y hace que uno recuerde que lo bonito de la naturaleza es que te traiga sincronías y sinergias que te envuelven en un abrazo demasiado anhelado. En un suspiro que traspasa océanos de tiempo.

Ayer pudisteis leer que mi amor por la naturaleza y mi relación/conexión con ella es bastante poderosa. Pero, hay muchas cosas más que están ocultas. Son secretos. Son misterios que guardo bajo llave. No todo lo contaré, hay cosas que sólo guardo para aquellas personas que quieren conocer esos entresijos que hacen que sea de la manera que soy actualmente. No todo lo voy a compartir por aquí, ya que solo aquellos que se atrevan a cruzar ese mar de distancia podrán conocerlo.

Pero, hoy si que quería hablar, exponer y sincerarme con respecto a estos dos elementos que reúnen dos aspectos importantes. Para empezar, mi relación con el mar,... es muchísimo más fuerte de lo que puedo contar, a lo mejor me queda algo demasiado sutil o demasiado superficial, de ahí esos aspectos que menciono. Y no es fácil decir esto, pero sin embargo deseo contarlo porque es lo que a día de hoy me da razones de vivir, me generan un torbellino de ideas y creaciones disparatadas y a nivel literario,... mis pensamientos se vuelven tan locos, tan poderosos que necesito que salgan a medida que mis dedos y mis labios suspiran cada palabra.

El océano, el mar, hidrata, eleva y hace que mi alma suspire lentamente cada vez que nos reunimos. Es esa reunión entre emociones y el amor que habita en el alma. Esa reunión es tan intensa que cuando sucede puedo permanecer minutos e incluso horas en plena catarsis, mirando al horizonte, perdiendo mis ojos en la inmensidad y dejando que mis pupilas se mimeticen con el mar. Mis ojos cambian de color, los tengo verdes, pero frente al mar se tiñen de diferentes colores y se crea una simbiosis muy curiosa.

Porque sí, la catarsis sucede cuando dejamos que una emoción se enraíce en la arena o entre las rocas, esas que te abrazan los pies y te los envuelven para que puedas conectar con ellas con toda la calma necesaria. También surge cuando los pensamientos surgen a medida que se conecta con las emociones.

Y es curioso: el pensamiento necesita a la emoción para cobrar sentido, y de esa unión nacen los sentimientos.

Y estos a su vez, necesitan de un propósito a desarrollar y desgranar en el tiempo.

Así es que lanzó esta pregunta embotellada al mar, ¿cuántos hemos olvidado y enterrado en la arena esos pensamientos, esas emociones para renegar de esos sentimientos que habitan día tras día en nuestra alma?

Yo lo hice, durante muchísimos años. Y eso me llevo a sufrir una ansiedad muy fuerte. Sé las consecuencias directas de no conectar con nuestra parte más primaria y necesaria. Cómo lo es el mar, ese que genera alegría, disfrute, felicidad, amor, libertad... todo eso crea una serie de consecuencias preciosas que son dignas de vivir, de sentir y de experimentar. Hablo de la ansiedad, porque es la ruptura del alma y el ego, llevo años con ella. Y lo que más me calma, activa mi campo áurico y álmico, mi vibración, mi frecuencia es la conexión con la naturaleza. De la misma manera que tengo una simbiosis con el color de mis ojos también la tengo a nivel espiritual.

Ya que llevo dos años observando como el zumbido de la ansiedad, ese que habita en mi oído derecho, ese que es como una caracola marina que se escucha como un mar enloquecido a lo lejos, se va desvaneciendo, va desapareciendo, se va enmudeciendo. Y eso lo he hecho completamente sola, controlando las respiraciones, meditando en mitad de la naturaleza, descansando de ruidos externos y concentrando el poder en lo más adentro.

Esas meditaciones para mí son sencillas, son habitables, son necesarias porque con sentarse frente a la orilla, viendo como mueren las olas a los pies y poco a poco el agua comulga con la arena y entierra, enraíza nuestros pies en ese lugar, se crea una catarsis maravillosa.

Creando así un matrimonio imposible de separar. Creando unas emociones que son innegables y las que generan un campo cuántico, de vibración, energía y frecuencia que se excitan y se superponen a unos niveles de consciencia y coherencia que pueden crear unos pensamientos, unas emociones y unos sentimientos de arraigo y de unidad eternos.

Porque nuestro cuerpo es impermanente, pero nuestra alma es eterna.

El ser, la esencia, la unidad dentro del cosmos, dentro del campo energético, dentro de la teoría cuántica, genera unas ondas idénticas a las de las olas del mar. A la sinuosidad del viento. Y crean un casamiento o una comunión eterna en el universo. La cuestión es, que muchas veces si dejamos que el mar y la arena nos anclen a ese lugar que tanto amamos, dejamos que el viento nos ondee en el espacio como si fuéramos banderas que el aire demanda y que se mueven despacio a través de los rayos del sol, construimos algo más que nuestra identidad.

Construimos la razón, la claridad del pensamiento. La congruencia emocional y la adherencia de sentido. Porque,...

¿Quién no querría vivir anclado en la orilla, mirando al horizonte para ver como renace y muere el sol y la luna? 

¿Quién no querría vivir con los brazos abiertos y que el viento sople por todos los frentes dejando que todo lo que renace o muere sea parte de un estado catártico que nos envuelve el alma en calma y en amor completo y eterno?

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