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La sumisión del nombre

Foto del escritor: Alma Sánchez
Alma Sánchez
13 nov 2025
4 min de lectura

¿Qué sucede cuando el nombre deja de ser nombre y pasa a ser una carga tan pesada que se convierte en una dicha y una lucha a la vez? ¿Qué pasará cuando el nombre deje de ser la agonía latente, exasperante y desesperante que se ancla de forma inmediata entre la garganta y el pecho y pase a ser un consuelo que deje de atormentar? 

¿Qué es lo que supone llevar de nombre la palabra escrita y expuesta que describe lo que es la esencia más pura y más dura a pesar de esa sombra alargada y deforme que se manifiesta de vez en cuando para dar caza a un anhelo, ese que se despieza en mil añicos como si fueran cristales rotos?

*

Sí, han pasado cosas. Cosas por las que soy muy consciente que tengo que vivir. Y más cuando anoche a eso de las 04:34 de la madrugada me desvelé y sentí que algo pasaba a nivel energético. Pero... la verdad, es que no sé muy bien como explicar todo eso y no expresarlo desde el lugar que corresponde. De ahí esas tres preguntas, de ahí el título del artículo. De ahí que te cuestiones y pienses:

¿Qué pasa cuando tu nombre real es Alma y después de dos zarandeos curiosos vuelvas casi al mismo punto de partida y ves claramente un patrón de sombra, de ego que te enseñan que aún no están tan integrados como una creía? 

Todos nos equivocamos, sin excepción. Y hay momentos en los que uno es consciente de en los entornos en los que se mueve para que esos patrones de comportamiento se repitan. Son comportamientos sumisos, tanto del ego como del alma. Y sí, el alma también tiene sus patrones, el alma también tiene su carga espiritual, emocional y psicológica. Y por supuesto,... y esto lo he aprendido este año por segunda vez consecutiva; el alma detecta cuando algo se va a repetir porque intuye de forma inmediata que el entorno sigue siendo exactamente el mismo.

Sí, el escenario ha cambiado. No estoy en el mismo lugar. Literalmente estoy en tierra de nadie, en mitad de la nada, en medio de un desierto. Tengo mis cosas desperdigadas, unas están en un espacio cerrado, otras están en una casa -las cuales tengo que sacar ya-, Nobu está a mi lado sí,... pero como decía en el título, hay veces que se siente tal sumisión por el nombre que cuando uno es consciente de eso, cuando el Alma ya está agotada de esos zarandeos, de los vaivenes, de los chantajes, de las manipulaciones emocionales, de esos instantes que se recrean para darte un beso en la frente y suspiran; "Despierta, por favor".

En esas ocasiones, el alma, ya cansada, agotada y extasiada de sostener, de disimular, se reviste de orgullo, de amor propio no sólo para no desmoronarse sino para mantener intacta la poca esencia viva que aún late debajo de la cáscara. Y tan sólo los que saben mirar, aquellos que saben observar porque saben usar los ojos del alma, o ven desde fuera, desde un lugar más neutral, saben y reconocen que ese escudo, esa vestimenta, no es la soberbia ni tampoco la arrogancia. No es sino el último intento y resquicio de recomponerse, concentrarse y no perderse a uno mismo a pesar de las sucesiones.  

Y sí... lo reconozco, no voy a mentir, no voy a fingir, porque no sirve de nada y eso solo es alimento para el ego y para la sombra. Estoy cansada, estoy vulnerable, mi alma anda un poco extasiada de tanto zarandeo, pero aún así, ya sea por testarudez o porque tengo a un gato precioso en mi regazo que se queda embobado, ronroneando y mirando a la pantalla mientras escribo todo esto, sólo por eso, no voy a dejar que el cansancio me pueda.

Todos pasamos por momentos de vulnerabilidad y yo soy muy emocional, mucho, cada día que pasa conecto con esa parte que durante años ha estado dormida, anestesiada, ahogada en un mar de pesadillas, penumbra y soledad. Porque sí después de tantos años, después de tantas cosas que han pasado dependiendo de la madurez emocional y el nivel de consciencia consciente uno sabe diferenciar la soledad de la solitud, y como respuesta a ese conocimiento acaba amando la solitud porque se es consciente de que así es como el nivel de reflexión, consciencia y madurez evolucionan y observan que hay patrones, comportamientos y creencias limitantes que en vez de ayudar, nos ponen la zancadilla.

Por eso mismo es algo que sana, que cura el cansancio, que hace que el alma recupere energía y su vibración y frecuencia vuelvan a ser como ese color blanco, esos tonos violáceos y esos destellos dorados con los que tanto me han asociado. No sólo fue el médium quién me asoció con esos colores, varias personas - sobre todo personas mayores - también me lo han dicho y se han dado cuenta de mi aura, de mi campo cuántico, de mi energía, mi vibración y frecuencia...

Pues como dije, llevo desde los 16 años conociendo, sabiendo, asumiendo y aceptando que cada cosa que toco, cada persona que conozco, cada hombre al que he amado y a quién amaré, sentiré esa vibración, esa frecuencia, esa energía en cada uno de ellos y como consecuencia, sentiré a esa alma. Porque gracias a ser consciente de lo inconsciente, de esos patrones, de esa red que de alguna forma construimos por tocar, conocer y amar a esas almas, nos reeducamos y nos reconstruimos.

Y porque anoche me di cuenta de una cosa; a día de hoy, tan sólo un alma, tan sólo una energía tan ajena como parecida a la mía ha conseguido una cosa; rozar y acariciar la mía.


Continuará...


Escuchar de fondo Þú ert sólin del albúm …And They Have Escaped the Weight of Darkness de Ólafur Arnalds



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