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GB · 0005

14 IX 2025

19:19

Collectio Gabinetum

Alma Sánchez

*

Destello 

⌖

El destello y la gota



Cuentan por ahí que si ves una estrella fugaz hay que pedir un deseo, pero... ¿la apariencia de una estrella fugaz no marca un inicio de un ciclo que entraña una madeja de sentimientos y anhelos que necesitan ser explorados? 


También cuentan por ahí que cuando la gota que nace de entre las rocas te cae y te besa la dermis es como si la propia tierra, la mismísima cueva, te adorara y te besara como si fueras parte de su totalidad.

El sábado de madrugada pude ver, después de muchísimos años una estrella fugaz en medio de un concierto. Fue algo que pude ver esa noche, justo en mitad de un grupo que cantaba, me dio por mirar al cielo y vi como una estrella caía en una hipérbola hacia la tierra.


Mis ojos brillaron de forma automática.

Pero esa noche al estar el cielo totalmente despejado, pude escaparme de todo el ruido, la música que ensordecía absolutamente todo el pueblo, las luces ultra brillantes y los olores para esconderme detrás de la iglesia, que estaba en una pequeña ladera y sin apenas luz, sólo se veían las estrellas, las constelaciones, los astros que permanecen intactos por el paso de los siglos. Y a pesar del frío, a pesar de sentir los pies helados, permanecí durante 10 minutos mirando al cielo, ensordecí los oídos y sólo era el cosmos y yo a 11 grados.


Y hoy domingo por la tarde en la cueva en la que siempre medito me colé por un lateral roto, llegué pasadas las 19:20 y comencé a andar muy despacio, me gusta ir en silencio porque es un ritual meditativo para mi. A pesar de que iba con un perro de aguas, apenas se me escuchaba, sólo se oían los graznidos de los cuervos, el canto de los pájaros y la brisa que me empujaba cuesta abajo para la cueva. Comencé a andar, lentamente, estaba a solas como cuando voy los lunes, hacia el preámbulo de la cueva. Pero en esta ocasión a medida que me acercaba hubo algunas ráfagas cálidas y eso fue algo nuevo, ya que normalmente a medida que va acercándose hacia la boca de la cueva la temperatura baja, se manifiesta de forma más fría.


A medida que iba entrando en ella, sentí que la cueva me hablaba y no había nadie, tan sólo había un puñado de ardillas correteando fuera, danzando y jugando entre ellas. Pero la frecuencia de la cueva sintonizó con la mía, su vibración hizo que mis oídos se destaponaran, su fría brisa acariciaba mi mandíbula, rodeaba mi barbilla y bajaba lentamente por mi mentón inferior hasta llegar a mi cuello. Y allí, hacía un rodeo por todo mi cuello creando una parábola para desdibujarse en mi nuca.


Seguí avanzando, cada vez más lento hasta uno de los charcos que había entre el camino y las rocas. Permanecí unos minutos y mientras mantenía ese desdibujo de la brisa de la cueva en mi nuca, giré la cabeza hacia arriba y al cabo de unos segundos, una de sus gotas me beso en la mejilla. Se dejó caer, rodando por mi mejilla derecha, haciéndome tocar con la yema de mis dedos ese beso acuoso el cual se deslizó por parte de mi cara y desembocó en mi barbilla y en la yema de mis dedos.


Continuará...

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