El debacle entre lo pasado y lo presente

La vida tiene una forma curiosa, una forma impredecible y a veces inaudita de que sucedan cosas. Esas que de tanto en tanto generan reflexiones a las tantas de la madrugada.
Esas que en ocasiones hacen que una ligera tinta aparezca en la muñeca y se quede de forma permanente, se quede grabada para siempre en la piel y sencillamente recuerda que una coma y tres puntos suponen una pausa, una parada, una respiración, un instante de abrazo lunar, e incluso un giro de talones que hacen que recorras un sendero que creías imposible, que pensabas que se escurriría entre los dedos de los pies como la arena que se desliza entre dedo y falanges.
Ese debacle, no es tan una desgracia, tampoco es una catástrofe, es el espacio entre el anhelo, el suspiro y la mirada que se pierde entre el quizás, el presente y el ojalá.
Con esta introducción,...
Con este párrafo,...
Con esta pausa
,...
Doy inicio a una nueva etapa. A un nuevo presente, tras el horizonte del mar cantábrico y la costa asturiana que me ha recibido hace una semana. El lugar no es necesario saberlo. Eso solo lo sabemos el tiempo, el universo, la vida y mis huesos.
A partir de hoy, mis flirteo con la filosofía, con la psicología y la espiritualidad migran a un espacio público, más amplio, más flexible, más amigable, más amoroso y más consecuente.
Eiquia se transforma en un santuario. En El Santuario.
En varios símbolos y el primero de ellos lo tengo tatuado en la muñeca izquierda: ,...
Aquí te espero.
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