Inexpertos y austeros

Hemos encontrado el punto inexacto.
Ese que dista de un punto a otro con tal distancia, tal envergadura, que presenta un ínfimo recuerdo de un anhelo, de un suspiro que cayó al suelo.
Hemos dado con el extremo inexperto.
Ese, que por alguna extraña razón, se muestra impasible, minúsculo, austero y con el descenso de un ritmo que se desvanece lentamente y sustituye al deseo.
Hemos tropezado con la agonía invisible.
Esa, que de alguna manera ha sido tan mancillada como poderosamente impía en mantener un carácter que se diluye y se manifiesta en silencio. En el tiempo.
Hemos conseguido reunir a la ausencia con la esencia.
Esa que se clava entre las costillas y el diafragma y permanece tan exenta de carga, tan libre de poder, tan soberano del aire que aspira y expira con la decadencia propia de un universo pleno. Entero. Y desarmado en empeño.
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