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Del bucle sombrío al renacimiento I

Foto del escritor: Alma Sánchez
Alma Sánchez
23 oct 2025
6 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

En la noche dichosa, 

en secreto, que nadie me veía, 

ni yo miraba cosa, 

sin otra luz y guía 

sino la que en el corazón ardía.

 

Noche oscura del alma, San Juan de la Cruz. 1578


La noche oscura del alma,... esa que tristemente se camina como si fuera un paseo que invita al caos y a la vorágine del ser. Es ese sendero que se recorre con las yemas de los dedos en carne viva y las plantas de los pies quemadas y desgarradas por el desasosiego infinito que emana del vientre, de las caderas y de las piernas que se movilizan y andan desamparadas como un muñeco de cordeles...

Hace ya dos décadas que leo a San Juan de la Cruz, es uno de mis poetas predilectos y de los que sus versos me han acompañado toda la vida y me han hecho amar la poesía con toda mi alma y todo mi ser. El poema Noche oscura del alma me lo sé de memoria porque literalmente define lo que sucede en un quiebre, en una ruptura interna, en una espiral decadente y oscilante que hace que viajes a los confines más impíos, más putrefactos y más austeros de la sombra, esos que se alimentan noche tras noche, de la fuerza, el desamparo y la intranquilidad del ego.

Esa mezcla de Ego y Sombra que en mi interior se remontan a 8030 noches atrás. Y esa cantidad de noches componen 22 años haciendo un resumen de lo que ocurrió cuando tan sólo había 19 vueltas al sol en mi vida. Y eso es algo que tiene una carga simbólica, señalética, numerológica, espiritual y filosófica bastante poderosa ya que ese numero representa el siguiente esquema matemático y numerológico que forma parte de un arquetipo bastante complejo:

  • El número 8 este es el número del equilibrio entre el cielo y la tierra. Es el número del infinito doblegado sobre sí mismo y el que normalmente puede verse invertido: ∞

    Este número representa la manifestación, la sabiduría que ya se ha hecho materia, el poder que recorre y fluye desde la conexión espiritual hasta la concreción material y física más certera.

  • El número 0 al salir dos veces amplifica y purifica la energía de los otros números. Como cuando colocas una piedra que potencia el verdadero poder de otras, el número cero suele tener ese poder a nivel numérico.

    Este es el círculo primordial, el vacío fecundo, la energía del Todo y la Nada. Al estar duplicado, indica un ciclo completo que se reinicia, como si el tiempo se disolviera en su propia eternidad y desencadenara una serie de significados más propicios y exactos.

  • El número 3 este es el número de la creatividad, de la expresión, de la comunicación divina. El triángulo corporal, la unión entre cuerpo, mente y alma. O invocado a la noche oscura del alma la separación del ego, la sombra y el alma.

    Es también el número de la santa trinidad. Es la representación del ciclo de las tres fases; pasado, presente y futuro. Y por supuesto, el puente entre el mundo terrenal y el espiritual, ya que es un número que conecta el mundo físico con la conciencia, transformando experiencias en momentos de conexión espiritual y energética.

  • El número 0 que se repite al final vuelve a sellar el ciclo: lo eterno regresando a su origen. La raíz de donde todo germina y vuelve a empezar. El inicio del todo o el fin de la nada.

Esos números describen un momento cumbre. Cada uno tiene su propia historia, puede que cada uno de nosotros haya vivido ya la Noche oscura del alma que tanto describía San Juan de la Cruz. Esa entrega al vacío, a la desesperación. El sucumbir a las fuerzas más intensas, poderosas y taciturnas del ser humano y dejar que ellas se apoderen de la parte más vulnerable y frágil para poner a prueba la fortaleza del alma.

Yo viví ese momento hace ya 22 años. Fue una época sombría, mi ego luchaba a capa y espada para sobrevivir como podía. Ya que detrás de toda luz hay una sombra, algunas son tan poderosas que pueden llegar a arrastrarte por una depresión tan fuerte como una manada de caballos salvajes corriendo desbocados, con la lengua fuera, con las patas ensangrentadas y las pezuñas rotas, por un campo a ras de las montañas.

Hace 8030 noches exactas, intenté desaparecer de este mundo. Mi noche oscura del alma duró tres años exactos, ya que después de cumplir los 16 años (pues nací un 3 de enero del 84 - como se puede ver el 3 y el 8 siempre me acompañan son parte de mi vida desde que amanecí rodeada con un cordón sobre la garganta a las 09:09 de la mañana-) caí en una vorágine demasiado oscura.

Fui presa del ego y de la sombra. Ambos, rugían como dos leones luchando por comida. Salvajes, ansiosos, deseosos de ganar esa pelea para después descansar un largo letargo de pensamientos y sentimientos impíos, llenos de amargura y desolación. Durante esos tres años fui testigo de un episodio tan oscuro como un agujero negro en el universo. Uno que a medida que pasaba el tiempo se hacía cada vez más y más grande y era imposible de cerrar.

¿Os habéis preguntado cómo cerrar un agujero tan colosal y tan fuerte dentro de nuestro propio ser y nuestra alma?

¿Qué sucede cuando una muerte de un mentor se marca de por vida en nuestro subconsciente y deja un rastro y un halo de melancolía que invade el cuerpo en un estado catatónico de llantos y suspiros?

Tuve un capítulo de mi vida que fue un poco prematuro porque surgió del fallecimiento de uno de mis mentores más importantes a los 15/16 años. Él siempre fue alguien que me inspiró a muchísimos niveles, pero sobre todo en el artístico. Lo perdí después de cumplir los 16, un 16 de enero a las 06:06 de la mañana. Fue el capítulo más misterioso y lóbrego que viví y fue algo que necesitaba experimentar porque lo que sucedió posteriormente, marcó un antes y un después en mi vida. Y es algo que me acompaña hasta día de hoy.

Ese capítulo estuvo lleno de incertidumbre, dolor, desesperación, agonía,... y el ego mientras tanto le gritaba a mi sombra desde lo más profundo de mis intestinos para subir los dos a la superficie. Como si fueran mi Doppelgänger y necesitara sobresalir por alguno de mis poros.

Y lo consiguió. Salió e hizo tantas locuras como fatalidades, errores, desavenencias y pensamientos miserables. Pero,... tres años más tarde, uno de esos errores fue "corregido" o salvado, gracias a una perrita, a una dálmata sorda que tenía. Un ser de luz que hizo que volviera de entre los muertos, de entre las sombras. Suplicando por mi vida y sollozando en mitad de la oscuridad para sacarme de ella. Arañó y golpeó una puerta que hizo que ese capítulo de mi vida se cerrara.

A raíz de sus lamentos, de sus llantos y sus aullidos conseguí volver a su lado. Mi noche oscura del alma había llegado a su fin. Y lo que vino... lo que vino fue un camino nuevo. Fue un renacimiento. Mi ego al fin se doblegó, mi sombra se deshizo en mil trizas y se cayó al suelo para ser lo que tenía que ser, la figura medio a desvanecer que desde los 19 me sigue a través de los pasos y ya no es tan invasiva, austera, impasible y frívola como lo fue en mi juventud.

Después de ese capítulo, algo importante sucedió. Algo que ya empecé a investigar con uno de los pocos mentores que aún vivían, mientras a los 16 mientras veía como mi abuelo moría. Después de ese capítulo me enfrasqué, me envolví en el mundo filosófico, espiritual, energético, cosmológico y astrológico, pues empecé a sentir cosas que desconocía.

Gracias a varias personas empecé a darme cuenta que al cerrar el capítulo de la noche oscura del alma comencé a sentir con mayor intensidad esas vibraciones, esas frecuencias, esa energía y sintonización con el universo, ya que se magnificó a unos niveles muy altos. Tan altos que empecé a ver mucho más de lo que en ese momento era consciente. Volví de la inconsciencia a la consciencia integrando la parte más oscura del ser, aceptando que ese ego semi-nazi y destructivo sólo necesitaba ser integrado, ser aceptado, ser amado porque nadie lo querrá más que mi propia alma.

Continuará...

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