El gigante natural VS el gigante creado por la naturaleza humana — II Parte

Todo gigante honrado, sentido y venerado hace que nos sintamos como parte de la belleza y la sensibilidad de la creación y del amor.
Os vais a reír, mucho, porque tenía ya la segunda parte escrita desde el jueves/viernes y hoy sábado he vuelto a escribirla desde cero. No me encajaba lo que estaba diciendo, no lo sentía al cien por cien, no lo veía claro. Mis palabras las leía forzadas, como si quisiera convencerme de que estaba bien escrito, estaba bien formulado, tenía sentido, tenía lógica y una buena base teórica.
Pero eso no es suficiente para mí. No ahora. No hablando de dos gigantes que pueden dejarte sin aliento o pueden hacer que tu vida sea significante y válida tan sólo por existir. Y de hecho,... hace unos días lo pensaba, lo reflexionaba y sentía un martilleo en mis sienes como esas gotas de agua que nacen de entre las rocas y caen desesperadas al suelo para que beba y se sacie por toda la erosión que lo ha desgastado.
Y recordé algo que escuché de alguien, es un coloso igual de grande pero más amoroso, más críptico a veces, más tierno, más delicado a la hora de transmitir mensajes y de traducir la lógica en el mundo más transcendental. Y también es uno de esos gigantes que con cada mirada, con cada susurro que dice en sus vídeos o cada vez que menciona Alma en ellos deja un mensaje. Algo oculto, algo que es un misterio a resolver...
"Más que crear algo externo con el cual vamos de afuera adentro, liberamos, deshacemos, desbloqueamos y por tanto conectamos con otra cosa, con otras posibilidades y el movimiento. Es desde arriba hacia abajo, hacia dentro y hacia afuera. Es decir se parece mucho más a abrir nuestro interior, abrir canales, abrir el canal central, abrir los centros energéticos y conectar con algo que va más allá. R. J. R.
Esa mención surge más porque coincido con R. en lo que dice y por cómo lo dice. Es por algo más de esa coincidencia... es por reconocimiento y además de que citar sus palabras me salen de forma natural poner la fuente de ellas. Y sí, esto es un guiño directo hacia él.
Ya que esas palabras me hicieron recordar a las veces que he estado dentro de la Cueva de Cullalvera. Sobre todo por la parte de "es desde arriba hacia abajo,..." Eso me recuerda muchísimo al ritmo circadiano y como éste a lo largo del día puede generar un ciclo de energía que se alimenta y bebe al que está 'conectado', a esa fuente de luz (o a esa imagen) que se revela cuando vemos un ciclo que nos beneficia, que nos hace sentir vivos, que nos hace sentir que hay algo a lo que estamos conectados. Además de hacer que cuando cerremos los ojos vengan sueños, premoniciones, visualizaciones con voces lejanas que alimentan y sacian a ese ritmo, creando una bola de energía tan poderosa como mística.
Esas palabras de más 'arriba', también me hicieron pensar en algo que llevo sintiendo desde hace ya tiempo, a nivel energético, a nivel espiritual, a nivel emocional y es increíble lo que puede pasar cuando dejamos que nuestra energía sea la que transpire, la que exhale de nuestra dermis, de nuestros entresijos, porque así es como debería de moverse la energía que tenemos, y conecta de forma inmediata con otra energía idéntica. Y esa, es exactamente la misma que habita dentro de las cuevas, la misma que se siente al ver el cielo estrellado a las tantas de la madrugada y nos quedamos embelesados, suspirando, anhelando y cerrando nuestros parpados para que sea la energía la que nos la bese.
También es idéntica a cuando nos quedamos embobados al mirar la eternidad del cielo con una luna inmensa iluminándolo todo, parece que todo es ínfimo es algo que desaparece porque la enormidad del cosmos, la belleza, la sensibilidad y la pureza de la luna hace que conectemos con la parte más primaria y más,... visceral que existe entre nuestros huesos.
Puede que suene raro, pero vamos a darle una vuelta de tuerca.
La energía es exactamente la que se mueve a través de los ritmos circadianos, y se mantiene caliente, vibrante, cuando estamos dormidos, ¿alguna vez habíais pensado en que esa energía humana que habita en nuestro interior - creada y promovida por esos ritmos además de otras cosas más-, pueda estar también en los lugares que existen en este mundo e incluso en ese orbe nocturno que no sólo ilumina sino que inspira y afecta a todo lo demás?
¿Alguna vez habéis visitado el umbral de una cueva con la luna creciente o llena? Porque visitarlo cuando hay luna llena y permanecer en ese espacio puede hacer que lo que suceda sea magia. Sí, magia energética. Una seducción infinita de una explosión de miles de millones de emociones y sentimientos que se fusionan en un baile infinito debajo del cielo. Independientemente del cosmos o del cielo de una cueva. A fin de cuentas es el mismo. Es ver la oscuridad, amarla en todas sus formas, sentirla y saber que somos parte de ella porque nuestra identidad se registra entre saber danzar entre la luz y la sombra. Y abrazarla en toda su grandeza.
La sombra, no nos define, en absoluto y por supuesto, no somos nuestro ego porque somos más que eso ya que el ego está para salir a la luz de vez en cuando. El ego tiene su papel. La sombra tiene su lugar. Y la luz,... la luz que es la que hace que poco a poco la sombra vaya erosionándose, vaya suavizándose y sea menos áspera que el tacto de la roca de una cueva oscura, es la luz la que baña absolutamente todo el universo porque necesita expandirse gracias a esa oscuridad. Vamos a pensarlo por un momento, ¿la belleza del cielo nocturno no radica en que todo esta oscuro y allá arriba hay tropecientas mil millones de lucecitas que brillan y hacen que todo sea más sublime? ¿Esa belleza no es equitativa a cuando aparece la luna y deslumbra el cielo haciendo que esas lucecitas también sean protagonistas?
Es curioso, porque hay mucho símil entre el cielo, el cosmos, con el cielo de una cueva. Sólo hay que saber observar, no sólo con los ojos, sino con los sentidos, con el alma y con el corazón.
Y observando el umbral de la entrada de una cueva, esa oscuridad permanente da paso a una escena espectacular, llena de vida, de sonidos, y si se sabe iluminar bien el resultado es que luz y sombra se dan ese abrazo eterno, esa unión cósmica, especial y única que hace que no sólo la vida tenga sentido, sino que hace que el mundo sea el lugar que necesitamos tener para poder ser.
Eso forma parte de la belleza del gigante natural, esa que sólo se puede observar si dejamos que todo lo que viene de arriba nuestro, entre en nuestro cuerpo, se expanda por todos los recovecos que nos recorren y sintonicemos con ello, sin pensarlo demasiado, sin buscarle razones, sin teorizar tanto.
La enormidad de la naturaleza no se basa en teorías, se basa en la creación, en la emoción, en la fusión de luces y sombras, en la unión de los elementos naturales - esas que empujan suave o fuertemente debajo de nuestros pies, esas que empapan o queman cada resquicio de nuestro ser, esas que resoplan con fuerza o nos susurran secretos tras las hojas- y no se pelean entre ellas, se complementan. No buscan razones, ni discuten el por qué la tierra es tierra, o el por qué el agua empapa, o el por qué el fuego quema, o el por qué el aire grita con tanta fuerza.
Y las fuerzas naturales, la gravedad; esa que hace que la fuerza equidistante marque un circuito, el electromagnetismo; ese que hace que los campos magnéticos puedan sincronizarse, la fuerza nuclear fuerte; esa que hace que los átomos gemelos choquen y generen una energía descomunal, y la fuerza nuclear débil; esa que hace que todo se desfragmente para luego volver a reconstruirse, existen porque sin ellos no podríamos conectar ni con la naturaleza ni entre nosotros. No podemos renegar y no podemos luchar contra eso,...
La colosidad del universo, la enormidad que habita en cada rincón, los gigantes naturales aman conectar con esos diminutos seres - sea animales, plantas, hongos de cualquier tipo- porque son los que le dan la vida y la luz a esos lugares sombríos, son los que le dan sentido por lo que nace de entre las sombras y son el hogar que muchos necesitan, porque en ocasiones necesitamos ser arropados.
Y la consecuencia más preciosa de todo eso es la sincronía recíproca. Esa que une dos energías que conviven pero a kilómetros de distancia y aún así han conseguido conectar, sintonizarse y sincronizarse de forma recíproca, creando un universo, creando un lenguaje, creando un estado y un espacio lleno de esencia y cariño.
Pronto habrá más...
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